Shedemei sacudió la cabeza. ¿Acaso Rasa no veía que todos esos argumentos perderían importancia con el paso del tiempo? ¿No comprendía que la gente como Obring y Meb, Kokor y Sevet, vivían para cazar, y les importaba muy poco quién fuera la presa?

—Y si crees que Obring probará suerte con Eiadh, me reiré a carcajadas —dijo Rasa—. Sí, podría desearlo, pero Eiadh es una muchacha que sólo ama y admira la fuerza en un hombre, y Obring jamás poseerá esa virtud. No, creo que Obring le será muy fiel a Kokor.

—Rasa, mi querida maestra y amiga —dijo Shedemei—, antes que haya concluido este mes, Obring habrá tratado de seducirme aun a mí.

Rasa miró a Shedemei con un asombro que no pudo disimular.

—Vamos, tú no eres su…

—Su tipo es cualquier mujer que últimamente no le haya dicho que no —dijo Shedemei—. Y te advierto, nuestro grupo es demasiado pequeño para soportar la tensión sexual. Si fuéramos como mandriles, con hembras que sólo son atractivas sexualmente pocas veces, entre una preñez y otra, podríamos tener apareamientos improvisados como ellos. Podríamos soportar conflictos periódicos entre los machos, porque terminarían muy pronto y tendríamos paz el resto del año. Pero lamentablemente somos humanos, y nos relacionamos de otra manera. Nuestros hijos necesitan paz y estabilidad. Y somos demasiado pocos para aceptar homicidios.

—Homicidios —dijo Rasa—. Shedemei, ¿qué pasa contigo?

—Nafai ya ha matado a un hombre. Y tal vez sea la persona más bondadosa del grupo, con la excepción de Vas.

—El Alma Suprema le dijo que lo hiciera.

—Sí, de modo que Nafai es el único de este grupo que obedece al Alma Suprema. Los demás estarán aún más inclinados a obedecer a su propio dios.

—¿Qué dios?

—El que les cuelga entre las piernas —dijo Shedemei.

—Los biólogos tienen una visión muy cínica de los seres humanos. Hablas como si fuéramos los animales más inferiores.



9 из 335