Era notablemente atractiva a su manera, no bonita ni guapa pero tan llena de viveza que atraía las miradas de los hombres. Además, estaba muy bien relacionada por ser hija de un vizconde, y su hermano Luc, que ahora ostentaba el título, era sumamente rico y podría proporcionarle una dote más que apropiada. No obstante, su hermana Portia se había casado hacía poco con Simon Cynster y, si bien Portia quizá fuera más discreta, Barnaby recordaba que las señoras del clan Cynster, juezas dignas de su confianza en tales cuestiones, veían poca diferencia entre Portia y Penelope salvo la franqueza de la segunda.

Y, si mal no recordaba, también salvo su voluntad implacable.

Basándose en lo poco que sabía de las hermanas, también él habría dicho que Portia daría su brazo a torcer, o al menos que se avendría a negociar, mucho antes que Penelope.

– E igual que en los demás casos, cuando esta mañana hemos ido a Herb Lane para recoger a Dick, había desaparecido. Se lo llevó ese hombre misterioso a las siete, poco después del alba.

Terminado el relato, pasó sus persuasivos ojos oscuros de las llamas a su semblante.

Barnaby le sostuvo la mirada durante un instante y acto seguido asintió.

– O sea que de un modo u otro esa gente… pues vamos a suponer que es un grupo organizado quien recoge a los niños…

– Sí, ha de ser un grupo. Esto no nos había ocurrido nunca y ahora, de repente, cuatro casos en menos de un mes, y todos con el mismo modus operandi. -Enarcando las cejas, lo miró de hito en hito.

Con cierto laconismo, Barnaby dijo:

– Precisamente. Tal como estaba diciendo, esas personas, sean quienes sean, parecen estar informadas sobre la identidad de sus futuros pupilos…

– Antes de que sugiera que pueden enterarse a través de alguien del orfanato, permítame asegurarle que eso es harto improbable. Si conociera a quienes trabajan allí, entendería por qué estoy tan segura. Además, aunque le haya referido nuestros cuatro casos, no podemos saber si otros niños del East End que acaban de quedar huérfanos no están desapareciendo también. Las más de las veces nadie avisa a nuestra institución. Es posible que estén desapareciendo muchos más, pero ¿quién va a dar la voz de alarma?



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