Barnaby la miraba fijamente mientras se hacía una composición mental de la situación.

– Abrigaba la esperanza -prosiguió Penelope, bajando la vista para alisar los guantes- de que usted se aviniera a investigar esta última desaparición, ya que a Dick se lo han llevado esta misma mañana. Soy consciente de que por lo general investiga delitos relacionados con la buena sociedad, pero me preguntaba, dado que estamos en noviembre y la mayoría de nosotros se dispone a marcharse al campo, si quizá dispondría de tiempo para tomar en consideración nuestro problema. -Levantó la vista, buscando sus ojos; no había ni un ápice de timidez en los suyos. -Naturalmente, podría encargarme del asunto yo misma…

Barnaby evitó reaccionar justo a tiempo.

– Pero he pensado que contar con el apoyo de alguien con más experiencia en estas cuestiones podría conducir más deprisa a una resolución.

Penelope le sostuvo la mirada y confió en que su anfitrión fuera tan agudo como se decía. Por otro lado, sabía por experiencia que la franqueza rara vez resultaba contraproducente.

– Hablando claro, señor Adair, he venido aquí en busca de su ayuda para averiguar el paradero de los pupilos que hemos perdido, no por el mero deseo de informar a un tercero sobre su desaparición para luego desentenderme de ellos. Tengo la firme intención de buscar a Dick y los otros tres niños hasta que los encuentre. Pero como no soy boba, preferiría tener al lado a alguien familiarizado con el crimen y los métodos de investigación apropiados. Además, si bien es cierto que a través de nuestro trabajo tenemos contactos en el East End, pocos de nosotros, por no decir ninguno, nos movemos en los bajos fondos, de modo que mi capacidad para obtener información en ese terreno es limitada.



11 из 432