
– ¡Uhau! -dijo el recién llegado, olvidando apostillar aquella interjección con una adecuada disculpa. En lugar de ello, se inclinó frente al mostrador haciendo una mueca maliciosa a la boquiabierta Missy-. ¿Damas en plural? ¡Yo sólo veo media!
Ni Missy ni tío Maxwell pudieron adivinar si aquello era una alusión ofensiva a su falta de altura en una ciudad de gigantes o si intentaba insultarla descaradamente sugiriendo que no era una verdadera dama. Pero, en el momento en que el tío Maxwell había conseguido hacer acopio del corrosivo ingenio que lo caracterizaba, el forastero se había embarcado ya en su lista de compras.
– Quiero seis bolsas de salvado y forraje, una de harina, una de azúcar, una caja de cartuchos de calibre doce, una lonja de tocino, seis latas de levadura, cinco kilos de mantequilla en lata, cinco de pasas, una docena de latas de jarabe de azúcar, seis latas de mermelada de ciruelas y una lata de cinco kilos de galletas variadas Arnott.
– Son las cinco menos cinco y cierro a las cinco en punto -dijo tío Maxwell secamente.
– En ese caso, será mejor que ponga manos a la obra, ¿no le parece? -le dijo el forastero con indiferencia.
El paquete de avena se hallaba encima del mostrador; Missy extrajo del guante la moneda de seis peniques y la tendió esperando en vano que tío Maxwell le devolviera el cambio, sin valor para preguntarle si una pequeña cantidad de alimento básico podía costar tanto, aun envuelta en un paquete tan bonito. Al final, cogió la avena y se marchó, no sin antes lanzar otra mirada furtiva al forastero.
Éste poseía un carro tirado por dos caballos, pues había un carro amarrado frente a la tienda que no estaba allí cuando Missy había entrado. El carro tenía buen aspecto; los caballos estaban limpios y lustrosos, su porte era airoso, y el carruaje parecía nuevo, con los radios de las ruedas destacados en color amarillo sobre un exquisito fondo marrón.
Las cinco menos cuatro minutos. Si invertía el orden de llegada a la tienda de tío Maxwell, podía argumentar la grosería del forastero y su extenso pedido como excusa para llegar tarde y con ello podría incluir una escapada a la biblioteca.
