Will era asesor y vicepresidente ejecutivo de McCaffrey Comercial Properties, pero había subido desde abajo, donde empezó cuando estaba todavía en el instituto y donde entró con un puesto fijo cuando se licenció en Derecho. Poseía talento y ambición para continuar lo que había empezado su padre treinta años atrás y mejorarlo. Lo que no tenía era una esposa, que por alguna extraña razón que sólo su padre conocía parecía ser importante en aquel terreno.

La mera idea de casarse lo ponía nervioso. Sabía que podía haber matrimonios felices, el de sus padres así lo probaba Pero sabía también que esa felicidad podía desaparecer en un abrir y cerrar de ojos.

– Ronald no está preparado para dirigir esta empresa -dijo-. Es muy conservador, tiene que pensar tres veces cada decisión y la mitad de las veces la toma mal. ¿No lo has observado pedir de comer? «Tomaré el salmón, no espere, ¿cómo está el bistec? O quizá deba pedir una ensalada. ¿Alguien ha probado el chuletón?» Me extraña que no se haya muerto de hambre.

– No te extrañe -declaró su padre-. Tiene una esposa en casa que le prepara la cena todas las noches.

– ¿Y por qué una esposa y tres hijos lo cualifican para dirigir la compañía?

– Está asentado. Ha tomado decisiones en su vida y tiene responsabilidades, tu hermana y mis nietos. No tengo que temer que se fugue a las Fiji con la próxima azafata que conozca.

– Se llaman auxiliares de vuelo. ¿Y quién dice que no pueda tomarme vacaciones de vez en cuando?

Su padre hizo una mueca.

– Llamaste el martes por la tarde para decir que no vendrías a trabajar el lunes por la mañana.

– Me confundió el cambio horario.

Su padre suspiró.

– Sé que tienes que disfrutar también, hijo, pero en la vida hay que tomar opciones y no puedes seguir siempre soltero.



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