
Will soltó un gruñido de frustración. ¿Por qué siempre tenían que volver a la misma discusión? Él no evitaba el matrimonio, simplemente no había encontrado a la mujer ideal. Y él, que no conducía el mismo coche más de un año seguido, ¿cómo iba a elegir una compañera para los siguientes cincuenta años?
– No todo el mundo tiene lo que tuvisteis mamá y tú -murmuró.
Pensar en su madre le produjo una punzada de dolor a pesar de los años transcurridos. Laura Sellars McCaffrey había muerto cuando él tenía doce años y su hermana diez. Después de su muerte, Jim se enterró en el trabajo y convirtió su pequeña compañía inmobiliaria en una de las empresas de construcción y desarrollo de más éxito de Chicago. En el proceso, dejó que sus dos hijos sufrieran solos y básicamente también se criaran solos.
Melanie se había escondido detrás de las responsabilidades de llevar la casa y aprender a ser la sustituta perfecta de su madre. A los veinte años, se casó con su novio del instituto, Ronald Williams. Él entró a trabajar en el negocio familiar, ella se unió a un club de jardinería y juntos crearon tres niños perfectos.
A Will la muerte de su madre le produjo la reacción contraria. Apenas podía soportar estar en casa, así que buscó consuelo en los amigos primero y en las chicas guapas más tarde. Con los años las chicas se habían convertido en mujeres y, aunque siempre había asumido que un día encontraría una esposa, las mujeres con las que salía no parecían apropiadas para ese papel.
– ¿Qué quieres que haga? -preguntó
¿Casarme con una mujer a la que no quiera sólo para poder decir que estoy casado?
– Me has presentado a seis o siete novias tuyas y cualquiera de ellas habría sido una buena esposa. Tienes que madurar y decidir qué es importante para ti… si tu futuro o la próxima mujer hermosa que se te cruce en el camino -su padre se cruzó de brazos-. Yo me jubilo en abril y 'o pones orden en tu vida privada o tendrás que aceptar órdenes de Ronald.
