
Volvió a leer también el contrato. Aunque estaba bien escrito, cualquier juez con dos dedos de frente lo rechazaría en un tribunal. Pero era un lugar donde empezar, una excusa para llamar a Jane y ponerse un poco al día. Si tenía suerte, podía reiniciar su relación con ella y ver adónde llevaba.
El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos.
– Señor McCaffrey, tengo la dirección de Windy City Gardens -Will. anotó la dirección y el teléfono-. No he encontrado el teléfono de su casa, hay varios J. Singleton, pero ninguna Jane.
– Bien.
Arrancó el papel con la dirección, se lo metió al bolsillo y tomó las llaves. Al salir se paró en la mesa de la señora Arnstein.
– Anule mis citas para esta tarde.
– No se va a las Fiji otra vez, ¿verdad? -preguntó la mujer.
– No, sólo voy a Wicker Park. Si hay una urgencia, llámeme al móvil.
No había mucho tráfico y, quince minutos después, había llegado a su destino. Aparcó delante de un edificio pequeño de oficinas, pero le costó decidirse a salir del coche.
– Esto es una locura -murmuró-. Puede estar casada o saliendo con alguien. No puedo presentarme así y esperar que se alegre de verme -se disponía a poner el coche en marcha de nuevo cuando vio una figura que salía el edificio. Reconoció inmediatamente su cabello moreno y su aire delicado. Jane se detuvo en la acera para hablar con una rubia esbelta que le resultaba vagamente familiar y un momento después se despidieron y Jane cruzó la calle hacia el coche de Will.
Éste abrió la puerta, sin detenerse a pensar lo que hacía, y salió.
¿Jane? -la joven se detuvo y lo miró-. ¿Jane Singleton?
– ¿Will? -una sonrisa iluminó el rostro de ella-. Eres la última persona a la que esperaba ver aquí.
