
– Recortamos gastos todo lo posible – continuó Jane-. Dejamos la oficina y trasladamos el teléfono. Tendremos que conservar el garaje para guardar el equipo y llamamos a todos los clientes presentes y futuros para ofrecer nuestros servicios como decoradoras navideñas. Y luego buscamos un sitio que nos haga un descuento en luces de decoración.
Suspiró hondo.
– Pero no creó que pueda ponerme al día con el alquiler. Debo dos meses y tengo menos de cien dólares en mi cuenta.
– ¿Podemos hablar de Will, por favor? -suplicó Lisa.
Jane la miró de hito en hito.
– Has dicho que no querías que te hablara de él.
– Está bien, admito que tengo curiosidad.
Jane no necesitaba que la empujaran mucho para hablar del tema. Llevaba seis días pensando en él y sentía que iba a explotar si no podía poner sus pensamientos en palabras.
– Estaba diferente -dijo-. Guapo y sexy. Y respetable. Llevaba un traje que le hacía los hombros muy anchos, y el pelo más corto. Pero parecía tan seguro de sí mismo y tan encantador como siempre.
– ¿Qué te dijo?
– No lo recuerdo. En cuanto me tocó, me… me puse nerviosa. Me invitó a tomar un café, luego a cenar y después a comer. Y yo le dije que no y me marché antes de que empezara a babear.
– Lo rechazaste.
– Sí. Y no sólo entonces. Esta semana me ha llamado tres veces para invitarme a salir. Pero soy fuerte; he decidido que salir con él sería un gran error. y estoy dispuesta a no volverlo a ver. Fue un encuentro casual y ya ha pasado.
– ¿Y todavía hace que te suden las manos y se te acelere el corazón? -musitó Lisa.
– No -repuso Jane-. Bueno, un poco. Pero ya no soy la chica tonta que llenaba sus diarios con fantasías sobre él y no podía dormir pensando en él. Ya no -mintió-. Además, tengo un novio.
