
– Otro día -repuso Jane.
Lisa se encogió de hombros.
– De acuerdo. Pero nos vemos mañana en la biblioteca. Tenemos que preparar el examen de Biología Celular.
Cuando Jane se quedó sola, suspiró con suavidad. Tenía que hacer algo para salir y conocer más chicos. Podía ir con Lisa a alguno de los muchos bares cercanos al campus o podía apuntarse a actividades extra escolares, o matricularse en alguna clase donde no hubiera tantos científicos empollones.
– ¿Ves? Esto ya se empieza a animar – dijo en voz alta. Buscó el mando a distancia-. Tienes un plan.
Acababan de pasar los títulos primeros cuando llamaron de nuevo a la puerta. Jane saltó del sofá.
– ¿Qué has olvidado? -preguntó.
Abrió la puerta, esperando encontrarse con Lisa y se quedó sin aliento al ver a Will McCaffrey.
Vestía un traje, pero tenía el cuello de la camisa abierto y la corbata torcida. Llevaba el pelo revuelto, lo que le daba aire de recién levantado. Sacó con un gesto elegante un ramo de rosas rojas que llevaba a la espalda y frunció el ceño al ver la habitación iluminada por velas.
– Perdona -dijo.
Interrumpo algo
– No, no, no pasa nada -ella tomó las flores y se hizo a un lado para dejarle entrar. Notó entonces que olía a whisky y que se tambaleaba un poco-. ¿Estás bien?
– No, no estoy bien -gruñó él. Se sentó en el sofá y se tapó los ojos con el brazo. Levantó la botella casi vacía que llevaba en la otra mano-. Casi se me ha acabado el whisky y aún no estoy borracho. ¿Tienes alguna botella?
– No. Tengo champán, vino y creo que algo de licor de menta. Sabe bien con el chocolate caliente y a veces cuando no puedo dormir…
– Trae el licor -gritó él levantando los brazos-. ¡Que empiece la fiesta!
– ¿Qué celebramos?
– Mi ignorancia absoluta de la mente femenina -tomó otro trago de whisky-. Tú eres mujer, ¿no?
