
Él bajó la cabeza y, cuando sus labios se rozaron, Jane emitió un suspiro. Will tomó el sonido por uno de aquiescencia y la besó en la boca. Jane sintió el corazón henchido. Había recibido otros besos, besos torpes de chicos que no sabían lo que hacían, pero ninguno como aquél, que despertaba en ella deseos que no sabía que tenía.
Su mente se llenó de preguntas. ¿Aquello era el principio de algo o sólo se debía al alcohol? Se abrazó a su cuello y pensó que eso daba igual. Will McCaffrey la estaba besando y, si lo pensaba demasiado, corría el riesgo de despertar y que todo fuera un sueño.
Y de pronto el beso terminó tan rápidamente como había empezado. Will se enderezó y la miró.
– Tengo una idea maravillosa -dijo-.
Si a los treinta años no me he casado y tú sigues soltera, ¿te casarás conmigo?
Jane suspiró y el corazón se le subió a la garganta. Había imaginado aquello mil veces y de mil modos distintos, pero nunca así, con ella en albornoz y él bebido y sufriendo por otra mujer.
– No… no lo dices en serio -musitó con voz quebrada-. Estás borracho y enfadado con Amy.
– Lo digo en serio -insistió él con voz pastosa por el alcohol. Se levantó del sofá y se acercó al escritorio-. Necesito papel.
– En la bandeja de arriba -repuso Jane-. ¿Le vas a escribir una nota a Amy?
Will volvió a su lado con el papel y un bolígrafo.
– No. Voy a escribir un contrato. Un acuerdo entre tú y yo estableciendo que, si los dos estamos libres, nos casaremos.
– ¿Qué? ¿Lo escribes tú y ya es un contrato?
– Claro. Estudio Derecho y sé hacer contratos. Es muy sencillo. Si los dos estamos libres, nos casaremos.
– ¿No necesitamos testigos ni notarios ni nada?
– Sólo hay que buscar un testigo -murmuró Will. Levantó la botella de whisky y, al ver que estaba vacía, la dejó caer al suelo.
Jane se sentó a su lado en el sofá, con los pies debajo del trasero y lo observó escribir el contrato. Intentó leer su expresión, descubrir de dónde había salido aquella propuesta espontánea, pero cuanto más lo pensaba, más se daba cuenta de que era sólo una tontería para paliar la herida a su ego masculino.
