
Rikki sabía que le estaba preguntando si había alguna posibilidad de que fuera descuidada a propósito, de que quizá todavía estuviera apenada o culpándose. Ella no sabía la respuesta así que cambió de táctica.
– Creía que ibas a ir a la boda. ¿No se casa hoy Elle Drake? Estabas esperándolo.
Otra razón por la qué el océano sería suyo y solo suyo. Todos estaban invitados a la boda Drake.
– Si tú no vas a la boda y necesitas ir al mar, estaré feliz de leer un libro allí -insistió Blythe.
Rikki le sopló un beso.
– Sólo tú abandonarías una boda para ir conmigo. Vomitarías todo el tiempo que estuviéramos allí. Te mareas, Blythe.
– Estoy intentando con la raíz de jengibre -dijo Blythe-. Lexi dice que no hay nada como eso.
– Ella lo sabría.
Lexi sabía todo lo que había que saber sobre plantas y sus usos. Si Lexi decía que la raíz de jengibre ayudaría, entonces Rikki estaba segura de que lo haría, pero Blythe no iba a sacrificar un día divertido simplemente porque temía por la seguridad de Rikki. La vida de Rikki era el mar. No podía estar lejos de él. Tenía que ser capaz de oírlo de noche, el retumbar calmante de las olas, el golpeteo tempestuoso del oleaje, los sonidos de las focas ladrándose una a otra, las sirenas. Todo eso era necesario en su vida para mantenerla estable.
Sobre todo, el agua misma. En el momento en que la tocaba, metía las manos, se sentía diferente. No había explicación para ello. No lo comprendía, así que cómo tampoco podía explicarle a otra persona que cuando estaba en el agua, estaba en paz, completamente libre en su propio ambiente.
– Blythe, estaré bien. Estoy esperando bajar.
– Estás pasando demasiado tiempo sola otra vez -dijo Blythe sin rodeos-. Ven a la boda. Todas las otras van a ir. Judith puede encontrarte algo que usar si quieres.
Rikki tendía a ir donde Judith en busca de consejos sobre qué llevar o qué aspecto tener si iba a ir algún sitio donde hubiera un grupo grande de personas y Blythe obviamente se la mencionó a propósito con esperanza de que Rikki cambiara de opinión.
