
Y las caras famosas estaban por todas partes, no sólo en la fiesta de la boda. La madre y el padre del novio eran mundialmente conocidos. Dallas Beaudine era una leyenda en el golf profesional, y la madre de Ted, Francesca, fue una de las primeras y mejores entrevistadoras de famosos de la televisión. Los ricos y famosos se esparcían desde la terraza trasera de la casa club de estilo anterior a la guerra hasta el primer tee; políticos, estrellas de cine, atletas de élite del mundo del golf profesional, y un contingente de vecinos de diversas edades y grupos étnicos: los maestros y comerciantes, mecánicos y fontaneros, el barbero del pueblo y un motorista que daba mucho miedo.
Meg vio a Ted moverse entre la multitud. Era discreto y modesto, sin embargo, una invisible luz parecía seguirlo a todas partes. Lucy se quedó a su lado, prácticamente vibrando con la tensión cuando una persona tras otra los detuvo para charlar. A pesar de todo, Ted se mantuvo imperturbable, y aunque la habitación zumbaba con la charla feliz, Meg encontraba cada vez más difícil mantener una sonrisa en su cara. Él le parecía más un hombre ejecutando una misión cuidadosamente calculada que un novio enamorado en la víspera de su boda.
Acaba de finalizar una predecible conversación con un ex locutor de televisión sobre cómo ella no se parecía en nada a su increíblemente bella madre cuando Ted y Lucy aparecieron a su lado. -¿Qué te dije? -Lucy cogió su tercera copa de champán de un camarero que pasaba. -¿No es genial? -Sin reconocer el cumplido, Ted estudió a Meg a través de aquellos ojos que lo habían visto todo, incluso aunque él no pudiera haber viajado a la mitad de sitios que Meg había visitado.
