
El recordatorio del juicio infalible de Ted Beaudine le trajo consuelo suficiente para caer en un sueño poco profundo e inquieto. A la tarde siguiente, sin embargo, ese consuelo se había desvanecido.
CAPÍTULO 02
El atrio de la iglesia presbiteriana de Wynette olía a antiguos himnos y grandes banquetes de otros tiempos. Fuera, reinaba un caos organizado. La sección especial reservada para la prensa estaba llena de periodistas y los espectadores llenaban las gradas, con el exceso de gente distribuida por las calles laterales. Como parte del cortejo nupcial colocado en fila para entrar al santuario, Meg miró a Lucy. El vestido de encaje se ajustaba perfectamente a su pequeño cuerpo, pero ni siquiera el maquillaje hábilmente aplicado podía enmascarar su tensión. Había estado tan nerviosa durante todo el día que Meg no había tenido corazón para decirle una palabra más sobre esta desaconsejable boda. No es que hubiera podido de todos modos con Nealy Case Jorik observando todos sus movimientos.
El conjunto de cámara llegó al final del preludio, y las trompetas sonaron anunciando el inicio de la procesión nupcial. Las dos hermanas más jóvenes de Lucy se situaron en la parte delantera, con Meg siguiéndolas y después Tracy, de dieciocho años, quién era la dama de honor de Lucy. Todas llevaban sencillos vestidos de seda crepé de china color champán, acentuados con pendientes de topacio ahumado que era un regalo de Lucy a sus acompañantes.
Holly, de trece años, empezó a caminar por el pasillo. Cuando llegó a la mitad, su hermana Charlotte siguió sus pasos. Meg sonrió a Lucy por encima de su hombro, quién había decidido entrar en la iglesia ella sola y reunirse con sus padres a la mitad del camino como un símbolo de la forma en que ellos habían llegado a su vida. Meg se puso en posición delante de Tracy para su entrada, pero cuando estaba lista para dar el primer paso, escuchó un crujido y una mano le agarró del brazo. -Tengo que hablar con Ted ahora mismo -, le dijo Lucy en un susurro de pánico.
