Ellas se conocieron en la universidad cuando Meg había sido una estudiante rebelde de primer año y Lucy una comprensiva, pero solitaria, estudiante de segundo año. Como Meg también había crecido con padres famosos, comprendía las sospechas de Lucy sobre las nuevas amistades, pero poco a poco las dos habían conectado a pesar de sus personalidades muy diferentes, y a Meg no le había llevado mucho tiempo descubrir algo que a los demás les pasaba desapercibido. Bajo la feroz determinación de Lucy Jorik para evitar avergonzar a su familia latía el corazón de una chica rebelde. No es que alguien se diera cuenta por su apariencia.

Las características de duendecillo de Lucy y sus pestañas gruesas de niña la hacian parecer más joven que sus treinta y un años. Había dejado crecer su pelo marrón brillante desde sus días de universidad y a veces se lo sujetaba apartándolo de la cara con un surtido de cintas de terciopelo, con las cuales no atraparían a Meg llevándolas ni muerta, al igual que ella nunca hubiera elegido el elegante vestido color agua con un pulcro cinturón negro de cinta de grosgrain. En cambio, Meg había envuelto su largo cuerpo desgarbado en varios metros de seda en tonos joya que había trenzado y atado en un hombro. Sandalias de gladiador vintage negro -un 42 -anudadas a sus pantorrillas y un colgante de plata adornado, que ella había hecho a partir de una antigua cajita de betel que había comprado en un mercado al aire libre en el centro de Sumatra, descansaba entre sus pechos. Ella había complementado sus pendientes Sung probablemente de falsa dinastía con un montón de pulseras que había comprado por seis dólares en TJ Maxx y adornado con unas cuantas perlas de África. La moda corría en su sangre.

Y recorre un camino tortuoso, había dicho su famoso tío modisto de Nueva York.

Lucy se retorció el recatado collar de perlas de su cuello. -Ted es… Es lo más cercano al hombre perfecto que ha creado el universo. ¿Has visto mi regalo de bodas? ¿Qué clase de hombre regala a su novia una iglesia?



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