Permitiendo que se le deslizara de la mano. El agua tironeaba implacablemente, tirando de sus ropas. Una bota se soltó y giró alejándose de ella. Las puntas de sus dedos tocaron el redondeado borde de una gruesa y hundida rama. Su rasgada camiseta y el agua la reclamaban, vertiéndose sobre su cabeza, forzándola hacia el fondo. De alguna manera se colgó sobre la inmóvil rama. Rachael pasó ambos brazos a su alrededor y la abrazó firmemente, una vez más irrumpiendo su cara en la superficie, jadeando por aire, temblando de miedo. Era una nadadora fuerte, pero no había manera de que pudiera permanecer con vida en las enfurecidas aguas.

Rachael se aferró a la rama, luchando por aire. Ya estaba exhausta, sus brazos y piernas parecían de plomo. Aunque había ido con la corriente, el intentar mantener la cabeza fuera del agua había sido una terrible lucha. Incluso ahora el agua luchaba para llevársela de vuelta, tirando de ella, arrastrando su cuerpo continuamente. Cuando fue capaz se pegó a lo largo del árbol caído hasta que estuvo apretada entre el tronco y las ramas y pudo tirar de si misma lo suficiente para llegar al enorme montón de raíces. Ahora estaba en el lado alejado del río, lejos de los rebeldes y esperaba que también fuese demasiado difícil verla bajo el aguacero.

Concentrándose en cada pulgada que pudiera ganar, Rachael empezó a moverse rápidamente hacia la rama más cercana. Una serpiente le acarició la cadera y se apartó. No podía decir si era a vida o muerte pero todo esto hacia que su corazón latiese con más fuerza. Cuidadosamente arrastró su cuerpo a lo largo de la raíz, extrayéndose a si misma fuera del agua, jadeando allí tendida, temerosa de su precaria posición. Un movimiento en falso podría enviarla de vuelta al agua. Los árboles se estremecían cuando el agua intentaba liberarlos de su ancla.

La rama estaba resbaladiza por el lodo del terraplén de donde se había desprendido, pero formaba una especie de puente sobre la orilla.



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