Parecía estar a un millón de millas de distancia. Todo ello mientras llovía, y agregándose a la resbaladiza superficie. Rachael envolvió sus brazos alrededor de la raíz y se deslizó lentamente, pulgada a pulgada, sobre el retorcido y curvado miembro. Resbaló varias veces y tuvo que abrazar la raíz, su corazón se aceleró hasta que pudo recuperar su valor y seguir adelante. Una eternidad después se las ingenió para caminar sobre el terraplén. Su pie se hundió en el lodo que succionó su bota cuando intentó liberarse.

Rachael se sacó la bota restante y la lanzó lejos al interior del agua, apartándola de los árboles donde quizás lograría llamar la atención hacia donde ella se las había ingeniado para llegar a la orilla. Su única esperanza era que el árbol, sujeto sobre unas precarias raíces, fuese barrido río abajo, sin dejar rastro de ella.

Descalza, el fango aplastado entre sus dedos, empapada y tiritando de miedo, Rachael se arrastró sobre el pantano hacia la línea de árboles del camino. Sólo entonces intentó ver lo que estaba ocurriendo en la orilla contraria. Había sido arrastrada cientos de yardas río abajo y la lluvia formaba una cortina casi impenetrable. Rachael se hundió detrás del follaje, mirando a través de la cortina de lluvia mientras se ponía sus botas de repuesto, traídas por si tuviera que sacrificar su otro par de tener la oportunidad de saltar por la borda. Ella no había contado con las salvajes corrientes, pero la oportunidad de escaparse, a pesar del peligro, era demasiado buena para dejarla escapar.

Los bandidos parecían estar enfadados, conduciendo aquellos que quedaban con vida a un pequeño grupo tembloroso. Todos ellos estaban sacudiendo sus cabezas. Varios hombres se paseaban a lo largo de la rivera buscando algo… o alguien. El corazón de Rachael se hundió. Tenía una furtiva sospecha de que la incursión se había llevado acabo para matarla a ella. ¿Qué mejor manera de asegurar su muerte que encontrarse con una bala perdida mientras eran rodeados como prisioneros para raptarlos? El rapto era un suceso bastante común y a los bandidos podía comprárseles fácilmente para llevar a cabo un asesinato. Rachael ajustó su mochila, echó un último vistazo al río y se internó en la jungla.



9 из 360