El corazón de una serpiente es la continuación de La nebulosa de Andrómeda. Los hombres han aprendido a abrir las puertas en el espacio y en el tiempo y sus astronaves penetran en el espacio a millones de años- luz de nuestro Sol. En el corazón de la constelación de la Serpiente, una de estas astronaves encuentra un navío de los grandes galácticos, seres cuya existencia había sido revelada por comunicaciones de radio y que son superiores al hombre, de la misma forma que el hombre es superior al animal. En una bellísima página del libro, los terrestres deciden, finalmente, ponerse en contacto con los grandes galácticos:

«En nuestros viajes a través del espacio nunca hemos matado, ni saqueado, ni colonizado. Nos presentamos ante las otras inteligencias con las manos limpias.»

El contacto se produce, y los hombres ven finalmente, cara a cara, a los grandes galácticos. Pero es necesario que el encuentro tenga lugar a través de una barrera de plástico transparente, pues aunque los grandes galácticos tienen forma humana, su carne está formada de moléculas a base de flúor, y al contacto de su aliento todos los objetos de nuestro mundo correrían el peligro de incendiarse. A pesar de todo, aun a través de esta barrera, se logra establecer contacto espiritual. Los grandes galácticos entregan a los hombres un plano tridimensional, en el que están indicados todos los planetas dotados de oxígeno, habitables para el hombre, con el símbolo universal de este elemento: un núcleo, ocho electrones. En lo sucesivo, la expansión de los hombres en el universo ya no se hará desordenadamente.



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