
La obra de Kazancev está llena de ideas técnicas perfectamente válidas. Su túnel flotante para unir Estados Unidos y la URSS a través del estrecho de Bering, ha sido tan bien estudiado, que muchos ingenieros se interesaron por él. Su acumulador portátil, que explota la superconductividad, será realidad algún día. Sus personajes no son siluetas o títeres, son seres vivos. Nadie como él ha hecho tanto por la ciencia-ficción, publicando antologías, haciendo traducir autores extranjeros de valor como Ray Bradbury, sosteniendo en Pravda las razones del género. Tiene esperanzas de fundar una revista mensual consagrada únicamente a la ciencia-ficción.
Los escritores de los que hasta aquí hemos hablado, y sobre todo Efremov y Kazancev, atraviesan las fronteras de lo fantástico y las rebasan ampliamente. Pero Vladimir Nemcov y Georgij Gurevic tratan, al contrario, de ajustarse a la realidad y de producir obras que sirven directamente de inspiración a los ingenieros y a los laboratorios científicos de investigación. Se consideran como los «public relations» de la ciencia de vanguardia, como la unión necesaria entre investigadores y soñadores. Lo que no les impide poseer dotes de escritores. Los lectores de esta antología podrán darse cuenta de ello leyendo el relato de Nemcov, La esfera de fuego.
La posición de estos escritores ha provocado en la URSS vivas controversias.
