Algunas revistas los han acusado de falta de fe y de entusiasmo, así como de ser rápidamente superados por los progresos científicos. Es indudable que mientras Nemcov se afana en describir tas ascensiones en globo estratosférico, los sputniks giran alrededor de la Tierra, los cohetes alcanzan la Luna, los planetas artificiales empiezan a girar alrededor del Sol. Sin embargo, no es menos cierto que las ideas de Nemcov sobre el modo de captar la energía solar expresadas en su novela, Un fragmento de sol, son del todo excelentes. Ni que la idea de Gurevic para explorar los océanos, no con un batiscafo, sino con una máquina extremadamente plana, dotada de circuitos impresos, sin riesgo de aplastamiento, porque la presión es la misma sobre las dos caras, es técnicamente irreprochable. Por lo demás, ambos autores han buscado, como continuación de los recientes progresos de la ciencia, ampliar su registro y lo han conseguido muy bien.

Así Nemcov, en La última etapa desarrolla una tecnología bastante interesante para captar las energías cósmicas. Se envían al espacio cohetes que contienen materia inestable, cuyos núcleos puedan ser activados por rayos cósmicos primarios. Luego se intenta el regreso de dichos cohetes hacia la tierra. Entonces se provocará la desintegración de tal materia, y de ella se extraerá toda la energía. Es energía útil el «carbón» estelar. En torno a esta idea, Nemcov ha concebido una óptima trama de aventuras, aunque haya evitado — como indica expresamente en el prólogo— los monstruos galácticos y las intrigas de espionaje.

Paralelamente, la más reciente novela de Gurevio, Nacimiento de un sexto océano, dedica su atención a un argumento de vanguardia: la transmisión de la energía a distancia a través de la ionosfera. Se aprovecha de ello para exponer un plan sensacional para la potenciación de los países subdesarrollados, gracias a un sistema de suministro directo de energía eléctrica a partir de centrales situadas en los países más progresistas y con el personal técnico necesario.



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