
Si no lo hacía en aquel momento, no lo haría nunca.
– Trev, ¿qué te parecería si tú y yo viviéramos un pequeño… un gran romance?
– ¿Un romance?
– Sí, nosotros dos. -No podía mirarlo a la cara, así qué mantuvo la vista clavada en los arco iris-. Nos enamoraríamos muy públicamente. Y quizá… Trev, llevo dándole vueltas a esto mucho tiempo… Sé que pensarás que es una locura. Y lo es. Pero… si no detestas la idea, he pensado que… al menos podríamos considerar la posibilidad de… casarnos.
– ¿Casarnos?
Trev se puso en pie de golpe. Aunque era uno de sus amigos más queridos, Georgie se sonrojó. De todos modos, ¿qué era otro momento humillante en un año lleno de ellos? Georgie se soltó las piernas.
– Sé que no debería soltártelo así, sin más. Y también sé que es una idea rara. Muy rara. Cuando se me ocurrió, yo también lo pensé, pero después la analicé objetivamente y no me pareció tan horrible.
– Georgie, yo soy gay.
– Se rumorea que eres gay.
– Sí, pero en la vida real también lo soy.
– Pero estás tan metido en el armario que prácticamente nadie lo sabe. -Deslizó las piernas por el lado de la tumbona y el arañazo reciente de su tobillo le escoció-. Eso acabaría con los rumores. Enfréntate a ello, Trev. Si se enteran de que eres homosexual, será el fin de tu carrera.
– Ya lo sé. -Se frotó la cabeza rapada con la mano-. Georgie, tu vida es un circo y, por mucho que te adore, no quiero verme arrastrado a la pista central.
– Ésta es la idea: si tú y yo estamos juntos, el circo se acabará.
Él volvió a sentarse y ella se acercó y se arrodilló a su lado.
– Trev, sólo piénsalo. Siempre nos hemos llevado bien. Podríamos vivir nuestras vidas como quisiéramos, sin interferir en la del otro.
