
Aunque Rina había intentado justificar su interés con la excusa del trabajo, Emma se las sabía todas y notó su brillo en los ojos al mencionar al sexo opuesto. Aquello iba a resultar más divertido de lo que había imaginado.
– Con esos pómulos que tienes, podrías conocer a hombres interesantes en cualquier parte.
– Gracias, Emma.
Rina parpadeó de forma exagerada, a modo de broma, y acto seguido tomó su abrigo. Emma se echó el chal sobre los hombros y juntas caminaron hacia la puerta; pero antes de salir, Emma se detuvo junto a un escritorio vacío que se encontraba junto al de la joven y preguntó:
– ¿Te has enterado de las noticias?
– ¿A qué te refieres? Llegué tarde y he estado trabajando el resto del día.
– Este escritorio va ser ocupado pronto. El hijo pródigo ha vuelto.
Emma pasó una mano por la vieja mesa. Llevaba mucho tiempo vacío y habían prohibido que lo ocupara otra persona por si Colin Lyons regresaba.
– No te entiendo.
– Ya sabes que Corinne se hizo cargo del periódico tras la enfermedad de Joe, su marido, ¿verdad?
– Sí. Ahora está en el hospital y Corinne está preocupada.
– Es cierto. Y también lo está el hijo de Joe. Es un joven muy viajero. Nunca se queda demasiado tiempo en ningún sitio, para desesperación de su padre.
A ella le encantaba tener cerca a sus hijos y nietos. Su nieta Grace vivía en Nueva York y eso ya le parecía que estaba lejísimos de Massachusetts, donde vivía ella.
– Pero pronto estará de vuelta y Corinne me ha dicho que volverá a ocupar este escritorio -continuó Emma.
La mujer se sintió más animada al pensar en las posibilidades que se abrían con el regreso del joven.
Colin era un hombre impresionante, de brillantes ojos azules y una sonrisa encantadora. Lo sabía porque había sido compañero de habitación de su nieto Logan, en la universidad. Le tenía tanto afecto como si también fuera nieto suyo, y lamentaba que se estuviera perdiendo muchas de las cosas que la vida podía ofrecer. Por ejemplo, un cálido hogar y una mujer atractiva.
