
– ¿El nuestro?
– No, el auténtico. Cuando a Conan Doyle, después del éxito que había tenido con su Sherlock Holmes y de que todos creyeran que él y su personaje eran la misma cosa, le hicieron de Scotland-Yard, ¿qué pasó?
– Sí, no supo resolver ni su primer caso, y fracasó estrepitosamente. Yo no soy Conan Doyle. Yo no soy un lord. Está decidido. Paso de la literatura a la vida. Me estaba anquilosando. Me lo ha dicho Espeja, y tiene razón. Se acabaron los Fred Madisson, los Thomas S. Callway, los Edward Ferguson, los Mathew Al Jefferson, los Peter O’Connor. Adiós, Sam Speed, ha sido tu primera y última salida al mundo. A partir de ahora vuelvo a ser Francisco Cortés, más concretamente Paco Cortés. La vida vuela, y todo estaba muerto.
– ¿Cómo muerto? -le interrumpió escandalizado el abogado-. ¿Y todo lo que yo he sacado de tus novelas? ¿Esas descripciones, ese pintar como tú pintabas las cosas, que parece que las tienes delante?
– Nada. Ahora el personaje soy yo. Yo sé quien soy, y sobre todo, yo sé ya quién quiero ser, que no es el que era hasta ahora. Ahora, a lo mejor vas a ser tú el que tengas que contar mi vida -bromeó el ex novelista-. Yo soy el protagonista de mi propia novela. He dejado de ser el que se inventaba unos personajes, y voy a ser el que se inventa a sí mismo. ¿Me sigues? Como una novela de Unamuno. Esto a Dora le va a entusiasmar.
– ¿Lo de Unamuno?
– No -precisó Cortés-. Precisamente lo contrario, lo de dejar de escribir libros. Y lo de Mariola sabe que no fue nada. Se acabó para siempre. Volveremos a vivir juntos, con la niña.
– Paco, te estás volviendo loco. Ha sido de trabajar veintidós años para la editorial Dulcinea. Vamos a cambiar de editorial -y devolvió ese plural a Paco en justa correspondencia-. Es un disparate lo que vas a hacer. Tú sabes escribir novelas policíacas, y eso es lo a lo que tienes que dedicarte.
– Tú me puedes echar una mano. Siempre me lo has dicho. Los abogados están tan cerca del delito que necesitan más de los detectives que de la policía, y que cuanto peores son los delincuentes, mejores hacen a los abogados.
