– ¿Cuándo te he dicho yo eso?

– Lorenzo también podrá arrimar el hombro al principio.

Se refería a Lorenzo Maravillas, inspector de policía adscrito desde hacía tres años a la comisaría de la calle de la Luna, y desde dos meses y medio tertuliano, y uno de los más activos y entusiastas, de los ACP.

– En la última novela, en la que le acabo de dar a Espeja, saco un bar que se llama el Lowren; por él.

Los Amigos del Crimen Perfecto apreciaban esas atenciones. En todas las novelas solía meter Paco Cortés el retrato de alguno de los colegas, de la misma manera que no se olvidaba de Dora, ni de su hija, Violeta, o de colocar las cosas que ellos le contaban, en fin, guiños que se tomaban como gentilezas de su amigo.

– Loren parece una buena persona -admitió Modesto-. Pero ¿en qué te va a poder ayudar él?

– A lo mejor quiere ser socio mío. Podíamos hacer una sociedad. Un policía, un abogado y un detective. Es perfecto. Loren me pasa los casos, yo los resuelvo y tú defiendes a los criminales.

– Pero lo que llega a la comisaría de Loren suele ser gente que se quiere sacar el carnet de identidad.

Modesto no le encontraba lógica a los proyectos de su amigo.

– Además, Paco, ¿tú crees que Madrid da como para que haya otra agencia de detectives? Hay cuatro o cinco y sobran la mitad. Lo he visto en la tele el otro día. Es como lo de los médicos. Me parece que la gente no se gasta una peseta en uno particular, si puede ir a uno del seguro. Así que para eso está la policía.

– No creas. Ahora con lo del divorcio y todas estas cosas nuevas la gente anda muy agitada, y necesita detectives que espíen. Es la moda, y a la gente le gusta estar a la moda. Yo también leí ayer que desde que hay ley del divorcio se han separado en España ciento cincuenta mil matrimonios, y la cosa va en alza.



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