
– ¿Y qué tiene eso que ver con las novelas que has escrito? Tú escribes de la mafia, de los contrabandistas, del hampa, de gente que aparece muerta con un cuchillo en la espalda en una habitación cerrada, de detectives corruptos y prostitutas honradas, de organizaciones criminales, de asesinos profesionales…¿Cuántos asesinos a sueldo conoces tú en la ribera del Manzanares?
– Lo importante es el método, Modesto. En cuanto tienes método, puedes resolver cualquier cosa. Todo eso es un mundo. Yo hablo mucho con policías. Soy como quien dice del Cuerpo, ya lo sabes. No te puedes figurar la cantidad de cosas que ven y la de casos que a los de la policía se les escapan. Todos casos increíbles que están pidiendo una mente sagaz.
– Sí, pero esos se quedan sin resolver, y se quedan sin resolver porque detrás no hay una peseta. ¿De qué vivirás? ¿Para qué van a necesitar un detective? ¿Te vas a pasar el día siguiendo a una pareja para ver dónde se adulteran, y hacerles un par de fotografías?
– Al principio, a lo mejor. Es como tocar el piano. En cuanto tienes el método, puedes interpretar lo que te apetezca. Al principio serán casos sin importancia, pero la gente que echa mano de los detectives es la de dinero, y donde hay dinero termina habiendo delito, y donde hay delito siempre hay alguien dispuesto a cometerlo, y una vez cometido, siempre aparece el que quiere delatarlo a la policía y otros que tratan de impedir que la policía lo sepa. A esa noria quiero subirme yo.
– No sé…
– Está decidido. Yo creo que no era escritor. En la vida hay que dar de vez en cuando un golpe de timón, como en las novelas, cuando se te atascan… Y no pasa nada. Saldré adelante.
– Pero ¿cómo puedes sostener una cosa así después de haber escrito las novelas que has escrito? Si tú no eres novelista en España, ¿quién lo va a ser? Tienes tanto talento como cualquiera, incluso más, porque al fin y al cabo casi todos escriben de lo que ven.
