
– ¿Qué piensas, Spade?
– ¿Qué?
Se rompieron sus pensamientos dentro de la cabeza como la botella de whisky de Delley. Se asustó.
– El 18 de Julio nadie creyó que aquello fuese a durar tres años ni mucho menos que después iban a ser otros treinta y cinco…Volverá la quema de iglesias y conventos.
Esta última frase se la dirigió Sherlock especialmente al padre Brown, otro de los ACP, pero sin dejar de mirar a Mason, en quien Sherlock había descubierto un aliado para el repliegue.
– …Tú te acuerdas también de eso, Mason, ¿no? Y usted, don Benigno, ¿no dice nada?
El padre Brown sonrió beatíficamente, vació su pipa en el cenicero con ligeros toques, comprobó que no quedaba escoria en la cazoleta, y dijo risueño:
– Conventos, pobres, ya quedan pocos, pero de iglesias no estaría mal que se quemaran algunas…
Mason seguía asintiendo de manera sombría, ajeno a la broma del padre Brown, y también desenfundó su cachimba.
