
Narraway estudiaba la sortija con los labios apretados. A la intensa luz de la mañana, su rostro estaba alterado y con signos de cansancio.
– Landsborough -musitó como para sí.
Pitt se sobresaltó.
– ¿Lo conoce?
Narraway no lo miró.
– Lo he visto un par de veces. Se trata del hijo de lord Landsborough… de su único hijo.
La expresión de Narraway era indescifrable. Pitt no sabía si su intensidad significaba dolor, angustia ante los problemas que estaban por llegar o, lisa y llanamente, malestar por tener que dar la noticia a la familia.
– ¿Es posible que lo tomaran como rehén? -inquirió Pitt.
– Tal vez -reconoció Narraway-. Hay algo que está claro: me parece imposible que la bala llegara de la ventana, lo alcanzara en la nuca y cayese así.
– Nadie lo ha movido -afirmó Pitt con seguridad-. Si lo hubieran hecho, habría sangre por todas partes. Con una herida de estas características…
– ¡Puedo verlo con mis propios ojos! -La voz de Narraway se alteró, dominada por las emociones; quizá fuera compasión o puro rechazo físico-. Por supuesto que no lo han movido. ¿Por qué demonios iban a cambiarlo de sitio? Es evidente que le dispararon desde el interior de la estancia. Ahora se trata de averiguar por qué y quién. Tal vez está en lo cierto y lo tomaron como rehén. ¡Dios bendito, vaya lío! ¡Vamos, haga el favor de levantarse del suelo! Cuando llegue el forense veremos si nos dice algo más. Debemos interrogar a los otros dos antes de que la policía la fastidie. Detesto tener que apelar a los agentes, pero no me queda otra solución. ¡Es lo que dicta la ley! -Dio media vuelta y franqueó la puerta-.¡Venga, vámonos! ¡A ver qué han encontrado en la parte trasera!
El sargento apostado en la parte posterior se mostró desafiante, como si Narraway lo hubiera acusado de dejar escapar al asesino.
– Señor, no lo hemos visto. ¡Su hombre ha bajado la escalera sin dejar de gritar que persiguiésemos a alguien, pero no ha pasado nadie por nuestro lado! Por lo tanto, aún debe de seguir dentro.
