
La Disciplina ocupaba en aquellos momentos uno de los puntos de neutralidad gravitacional tras el Mundo de Goldblatt, el punto L2. Desde tan cerca, el cielo se agrietaba equitativamente sobre la diseminada estrella, un paisaje de nubes matizadas de negro y verde. Directamente por abajo, un enorme y distorsionado remolino tormentoso ocultaba los residuos de un gigantesco planeta gaseoso, una pepita rocosa de dos veces y media la masa de la Tierra.
Sharls no deseaba penetrar en aquella región interior. El torbellino de fuerzas podría dañar su nave. No podía predecir si la nave sembradora de exploración aguantaría hasta que hubiese cumplido su misión. Ya había esperado más de medio millar de años. El punto L2 estaba aún dentro del toro de gas del que el Anillo de Humo era sólo la parte más densa. La Disciplina estaba sometida a lentas fuerzas erosionadoras. No podía permanecer allí para siempre.
Al menos, la tripulación no se había extinguido. Aquello podría perjudicarle terriblemente.
Había cumplido con su deber. Sus ancestros habían sido amotinados, parte de una traición potencial hacia el propio estado. Reeducar a sus descendientes había sido un triunfo, pero, si el Anillo de Humo los hubiera matado… bueno, aquello tampoco le habría sorprendido. El aire era más que respirable para mantener vivos a los hombres. El Anillo de Humo verdeaba con una vida que había evolucionado en su curioso entorno. La vida nativa podía haber sido exterminada perfectamente por aquellos rivales advenedizos, antiguos tripulantes de la nave sembradora de exploración Disciplina.
Sharls se habría afligido; pero habría sido libre para regresar al hogar.
Me habrían llamado fracasado obsoleto, pensó melancólicamente al tiempo que sus instrumentos registraban una particular frecuencia en el radioguía. Un millar de años de atraso para regresar al hogar. Seguro que desguazarían el computador. ¿Y el programa? El programa Sharls Davis Kendy podría ser copiado y preservado para uso de los historiadores. ¿O no?
