– No querían que lo identificaran -dijo Falcón-. ¿Alguna señal distintiva en el resto del cuerpo?

– Deje que lo lleve al laboratorio y lo limpie. Está cubierto de porquería.

– ¿Hay otros destrozos en el cuerpo? -preguntó Falcón-. Para acabar aquí debió de llegar en la parte de atrás de un camión de basura. Debería haber marcas.

– No que yo pueda ver. Debería haber excoriaciones debajo de la porquería, y cuando lo abra en el Instituto Forense observaré si hay fracturas u órganos reventados.

Falcón asintió. El juez Romero firmó el levantamiento del cadáver, llegaron los paramédicos y se pusieron a cavilar acerca de cómo iban a manipular un cadáver rígido en esa posición, meterlo en una bolsa de plástico y colocarlo sobre la camilla. La tragedia de la escena adquirió un matiz de farsa. Querían agitar lo menos posible los gases nocivos del cuerpo. Al final abrieron la bolsa de plástico encima de la camilla, ataron el cuerpo, aún postrado, y lo colocaron encima. Empujaron Ion muñones de las muñecas y los pies dentro de la bolsa y cerraron la cremallera sobre sus nalgas levantadas. Transportaron esa estructura, que parecía una tienda de campaña, hasta la ambulancia, observados por una cuadrilla de obreros municipales que se habían congregado para ver los últimos momentos del drama. Todos se rieron y apartaron la mirada cuando uno de ellos comentó algo de «con el culo en pompa pura toda la eternidad».

Tragedia, farsa, y ahora vulgaridad, se dijo Falcón.

La policía científica completó el registro de la zona que rodeaba el cadáver y le llevaron a Falcón las bolsas con lo que habían encontrado.

– Tenemos algunos sobres con direcciones encontrados cerca del cadáver -dijo Felipe-. En tres de ellos coincide el nombre de la calle. Debería ayudarle a descubrir dónde lo arrojaron al camión. Suponemos que por eso acabó en esa postura, por haber permanecido en posición fetal en el fondo de un contenedor.



8 из 509