– También estamos bastante seguros de que lo envolvieron con esto… -dijo Jorge, levantando una gran bolsa de plástico que contenía una mugrienta sábana blanca-. Hay rastros de sangre de las manos cortadas. Luego veremos si coincide…

– Cuando lo vi estaba desnudo -dijo Falcón.

– Había puntadas sueltas, así que suponemos que se desgarró en el camión de la basura -dijo Jorge-. La sábana estaba enganchada en uno de los muñones de las muñecas.

– El forense dice que le hicieron un torniquete y que se las cortaron después de muerto.

– Se las cortaron limpiamente -dijo Jorge-. No ha sido una chapuza. Lo han hecho con precisión quirúrgica.

– Cualquier carnicero competente pudo haberlo hecho -dijo Felipe-. Pero que le quemaran la cara con ácido y le arrancaran el cuero cabelludo… ¿Qué le parece, inspector jefe?

– Debía de tener algo especial para que se tomaran tantas molestias -dijo Falcón-. ¿Qué hay en la bolsa de basura?

– Desechos de jardinería -dijo Jorge-. Creemos que los arrojaron en el contenedor para tapar el cadáver.

– Ahora vamos a emprender un registro más amplio de la zona -dijo Felipe-. Pérez ha hablado con el tipo que manipulaba la excavadora, el que encontró el cadáver, y han comentado algo de una envoltura de plástico negra. Es posible que le practicaran la operación post-mórtem encima, lo cubrieran con el sudario y lo cosieran, lo envolvieran en el plástico y luego lo tiraran a la basura.

– Y ya sabe cuánto nos gusta el plástico negro para encontrar huellas -dijo Jorge.

Falcón anotó las direcciones de los sobres y se separaron. El inspector fue hasta el coche, relajando su expresión tensa. Su órgano olfativo no se había cansado tanto como para que el hedor de la basura urbana no se le alojara en la garganta. El insistente chirrido de las excavadoras ahogaba el graznido de las aves carroñeras, que giraban sombrías en el cielo blanco.



9 из 509