
Y tal vez, el deseo de sentir un placer provocado por alguien que no sea yo, de sentir su piel contra la mía. Y en último término, el privilegio de ser, entre las chicas de mi edad que conozco, la primera en tener relaciones sexuales. ¿Por qué me ha hecho esa pregunta? Aún no he pensado en cómo será mi primera vez y muy probablemente no lo pensaré nunca, sólo quiero vivirla y, si puedo, tener para siempre un recuerdo hermoso, que me acompañe en los momentos más tristes de mi vida. Pienso que podría ser él, Daniele; lo he intuido por algunas cosas.
Ayer nos intercambiamos los números de teléfono y durante la noche, mientras dormía, me ha mandado un mensaje que he leído esta mañana: «Lo he pasado muy bien, eres muy mona y quiero volver a verte. Ven mañana a casa, nos bañaremos en la piscina».
19,10
Estoy perpleja y desconcertada. El impacto de lo que hace unas horas me era desconocido ha sido bastante brusco, aunque no del todo desagradable.
Su finca de verano es preciosa, rodeada por un jardín verde y por innumerables macizos de flores coloridas y frescas. En la piscina azul brillaba el reflejo del sol y el agua invitaba a zambullirse, pero yo precisamente hoy no he podido porque la regla me lo ha impedido. Debajo del sauce llorón miraba a los demás, que se zambullían y jugaban, mientras yo estaba sentada a la mesita de bambú con un vaso de té frío en la mano. Él me miraba sonriente de vez en cuando y yo hacía otro tanto, contenta. Luego lo vi trepar por la escalerilla y venir hacia mí con las gotas de agua deslizándose, lentas, por su torso reluciente, mientras con una mano se arreglaba el pelo mojado y salpicaba de gotitas todos los rincones.
