– Explicaos, castelar.

Cazaril se encogió de hombros y ofreció una leve inclinación de disculpas en dirección al muchacho.

– La diferencia, róseo, estriba en que el soldado con talento mata a tus enemigos, pero el duelista con talento mata a tus aliados. Dejo a vuestra intuición cuál prefiere albergar un comandante sabio en su campamento.

– Oh -Teidez guardó silencio, aunque se quedó pensativo. Aparentemente, no había ninguna prisa en devolver el cuaderno de notas del mercader a las autoridades pertinentes, como tampoco ninguna dificultad. Cazaril podría buscar mañana a la divina del Templo de la Sagrada Familia aquí, en Valenda, durante su tiempo libre, y entregarlo para que dispusieran de él. Tendrían que decodificarlo; los rompecabezas de ese tipo resultaban difíciles o tediosos para algunos, pero a Cazaril siempre se le había antojado una actividad tonificante. Se preguntó si, por cortesía, debería ofrecerse para descifrarlo. Se acarició el suave abrigo de lana y se alegró de haber rezado por el hombre durante su precipitada cremación.

Betriz, rizando las negras cejas, preguntó:

– ¿Quién fue el juez, papá?

De Ferrej vaciló un momento, antes de encogerse de hombros.

– El honorable Vrese.

– Ah -dijo la provincara-. Ése. -Arrugó la nariz, como si hubiera llegado algún mal olor hasta ella.

– ¿Lo amenazó el duelista, entonces? -quiso saber la rósea Iselle-. ¿No debería… no podía haber solicitado ayuda, o haber arrestado a de Naoza?

– No creo que ni siquiera de Naoza fuera tan estúpido como para amenazar a un justiciar de la provincia -contestó de Ferrej-. Aunque es probable que intimidara a los testigos. A Vrese, hum, seguramente lo convenció por medios más pacíficos.

Se llevó un trozo de pan a la boca y se frotó el índice y el pulgar, imitando el gesto de un hombre que acaricia una moneda.

– Si el juez hubiera hecho su trabajo con honestidad y valentía, el mercader no se habría visto obligado a practicar la magia de la muerte -comentó Iselle, despacio-. Ahora hay dos hombres muertos y condenados, cuando debería haber solamente uno… incluso si lo hubieran ejecutado, de Naoza habría tenido tiempo de limpiar su alma antes de enfrentarse a los dioses. Si se sabe todo esto, ¿por qué sigue siendo juez ese hombre? Abuelita, ¿tú lo entiendes?



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