
– Y necesitas más de una vela. Está demasiado oscuro para leer.
– ¿Sí? No me había dado cuenta. -Parpadeó y luego entrecerró los ojos-. ¿No es la hora de acostarte?
– La niñera ha dicho que hoy puedo quedarme despierta media hora más.
– ¿Ah, sí? Bueno, entonces, lo que ella diga. -Volvió a concentrarse en el manuscrito, ignorándola por completo.
– ¿Papá?
Él suspiró.
– ¿Qué quieres, Miranda?
– ¿Te sobra alguna libreta? Como las que utilizas cuando traduces, pero antes de copiar la versión definitiva.
– Supongo que sí. -Abrió el último cajón y rebuscó entre las cosas-. Aquí está. Pero ¿para qué la quieres? Es una libreta de calidad. Y no es barata.
– Voy a escribir un diario.
– ¿En serio? Bueno, es un propósito encomiable, supongo. -Le entregó la libreta.
Miranda sonrió ante las palabras de su padre.
– Gracias. Ya te avisaré cuando me quede sin espacio y necesite otra.
– De acuerdo. Buenas noches, cariño. -Se volvió hacia sus papeles.
Miranda abrazó la libreta contra el pecho y subió corriendo las escaleras hasta su habitación. Cogió una pluma y un tintero y abrió la libreta por la primera página. Escribió la fecha y después, tras mucho pensárselo, una única frase. Era lo que le parecía necesario.
2 de marzo de 1810
Hoy me he enamorado.
Capítulo 1
Nigel Bevelstoke, más conocido como Turner por aquellos que querían llevarse bien con él, sabía muchas cosas.
Sabía leer griego y latín y sabía cómo seducir a una mujer en francés e italiano.
Sabía cómo disparar a un objetivo en movimiento desde un caballo al trote y sabía exactamente cuánto podía beber antes de perder la dignidad.
Sabía pelearse a puñetazos y practicar esgrima con un maestro, y sabía hacer ambas cosas mientras recitaba a Shakespeare o a Donne.
En resumen, sabía todo lo que un caballero debía saber y, por supuesto, destacaba en cada área.
