
La mujer aceptó la mano, aunque sin entender por qué.
– Una mujer -dijo, perpleja-. Oscar contrató a una mujer.
A su lado, Westgaard lanzó una exclamación desdeñosa.
– Creo que lo que Oscar contrató es a una muchacha vestida con la ropa de la madre, haciéndose pasar por mujer. Y no se quedará en mi casa.
Hilda se puso seria.
– Vamos, Theodore. siempre has alojado a los maestros. ¿Quién otro la recibirá?
– No lo sé, pero yo no. Por eso quiero hablar con Oscar. ¿Dónde está? Escrutó el horizonte con la vista.
– No lo sé con exactitud- Empezó con el centeno del Oeste esta mañana, pero es difícil saber dónde estará en este momento. Si enfilas en esa dirección, podrías verlo desde el camino.
– Eso haré, pero ella se queda aquí. No vendrá a mi casa, así que bien puede quedarse aquí, contigo, hasta que encuentres otro sitio para ella.
– ¡Aquí! -Hilda se oprimió el pecho con las manos-. Pero si yo no tengo cuartos desocupados, tú lo sabes. No estaría bien meter a la maestra con los chicos. Llévatela tú, Theodore.
– Nooo, señor. Yo no tendré a ninguna mujer en mi casa. Linnea estaba indignada. ¡Cómo se atrevían a tratarla como si fuese el orinal que nadie quería limpiar!
– ¡Basta! -gritó, cerrando los ojos y levantando las manos como un policía-Lléveme de regreso al pueblo. Sí aquí no me quieren, estaré encantada de abordar el próximo tr…
– ¡No puedo hacer eso!
– Mira lo que has hecho. Theodore: has herido sus sentimientos.
– ¡Yo! ¡Oscar fue quien la contrató! ¡Oscar fue el que nos dijo que era un hombre!
– ¡Bueno, entonces habla con Oscar! -Alzó las manos, disgustada, y luego, recordando las regias de cortesía, estrechó la mano de Linnea otra vez y le palmeó los nudillos-. No le preste atención a este Theodore: encontrará un lugar para usted. Lo que sucede es que está preocupado porque está perdiendo tiempo y tendría que estar en los campos ahora que el trigo está maduro. ¡Bueno, Theodore -te ordenó, volviéndose hacia la casa-, ocúpate de esta joven, tal como le comprometiste a hacer! Tras lo cual se apresuró a entrar.
