Y ese papel representado por Sladek. Los estudios del Instituto Kraichnan han pagado dividendos. Ahora uno puede predecir lo que está ocurriendo en un flujo turbulento sin dificultad alguna.

El anciano asintió con gentileza.

— Estupendo, si es cierto. Pero quizá pueda usted detenerse durante un segundo y saludar a nuestro visitante.

Giró en redondo.

— ¡Nos encontró! Ya empezaba a pensar en la convendría de enviar en su búsqueda a un grupo de rescate.

— Por poco me pierdo — admití.

Ted Marrett — se presentó, cogiéndome la mano y estrechándomela con fuerza. Y añadió -: El doctor Barneveldt, jefe de la sección teórica.

Ted tendría mi edad, quizá fuese un año o dos mayor. Corpulento, ancho de hombros, delgado de cintura, con largas piernas. Tenía el rostro huesudo, angular y cruzándole el puente de la nariz apenas se divisaba una cicatriz Más tarde supe que era una lesión producida jugando al fútbol. El cabello era un mechón alborotado color rojo fuego. Apenas tenía aspecto de un científico capaz de conmover al mundo.

Todo lo que él tenía de inquieto, de gesticulante, lo poseía el doctor Barneveldt de pequeño y tranquilo… en comparación, casi sedante. Era delgado y cargado de espaldas; el pelo de un blanco muerto, y poseía en general un aspecto frágil. Las arrugas de su rostro, sin embargo, parecían venir más de la pequeña sonrisa que constantemente exhibía que de su avanzada edad.

— Encantado de conocerles — dije -. Soy…

— Jeremy Thorn, Tercero — terminó Ted antes de que yo pudiese seguir adelante -. Jamás conocí a un Tercero ni a un Segundo, por lo que a eso respecta. ¿Vino en cohete desde Hawai? ¿Buen vuelo? Le veo vestido al estilo isleño.



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