
El aparcamiento en donde me dejó el taxi estaba casi vacío y el vestíbulo del edificio principal desierto, a excepción de un conserje solitario uniformado que se sentaba tras el mostrador de la recepción.
Crucé el suelo pavimentado, sintiéndome algo estúpido.
— Por favor, me gustaría ver al doctor Rossman.
El conserje alzó la vista de su revista deportiva.
— ¿Rossman? Se ha ido ya.
— Pero… pero me está esperando — busqué en mi cartera y saqué una de las tarjetas comerciales que mi padre había hecho imprimir a mi nombre.
— Bueno, estoy seguro de que se ha ido. Aguarde un momento y lo comprobaré.
Marcó un número en el intercomunicador de su mesa. No tenía pantalla, según advertí.
— Largo Plazo — respondió una voz fuerte.
¿Esta' todavía el doctor Rossman?
— Si, aguarda a un visitante… alguien llamado Thorn — o algo por el estilo.
El conserje miró a mi tarjeta.
— ¿Jeremy Thorn, Tercero? ¿De Thornton Pacific Enterprises?
— El mismo. Hágale subir.
El conserje me dio instrucciones. Subí las escaleras, seguí un pasillo, pasé tres cruces… ¿o cuatro? Después de unas cuantas vueltas y revueltas y de más cavilaciones por mi parte, oí aquella misma voz telefónica, sumida en una fuerte conversación con otra, persona. Seguí la voz y llegué hasta una puerta rotulada "Sección de Predicciones a Largo Plazo". Todos los demás despachos parecían vacíos.
Crucé la puerta abierta y me encontré en una especie de antesala que albergaba los escritorios de las secretarias y de los archivadores. Un corto pasillo se iniciaba en el lado opuesto de la estancia, con varias puertas en él. Una estaba entreabierta y de allí salía el murmullo de la conversación.
Miré al interior. Era una especie de pequeña cabina bastante pobre. Un caballero ya mayor se sentaba tras un escritorio que desaparecía bajo pilas de papeles, mientras que la persona que oí hablar por teléfono, alta, de aspecto atlético, paseaba delante de la pizarra, de espaldas a mí, y decía excitada:
