— Comprendo — dijo el doctor Rossman -. Estamos tratando de proporcionar a toda la zona del Pacifico las predicciones más exactas posibles a Largo Plazo. Un tercio de mi personal trabaja ahora en ese problema. Por desgracia, localizar una tempestad que se desarrolla en el mar abierto es una tarea muy, pero que muy difícil.

— Me lo imagino.

— Mire, señor Thorn, nuestras predicciones a Largo Plazo se efectúan basándonos en estadísticas. Podemos predecir, con bastante seguridad, cuánta agua de lluvia caerá sobre cierta zona durante un período de tiempo dado… digamos, un mes. Pero no podemos predecir exactamente cuándo se formará una tempestad hasta prácticamente el último minuto. Y todavía es más difícil predecir el camino exacto que seguirá esa tempestad, salvo de un modo general.

— Sí, pero cuando una tempestad va a afectar una zona vital como las áreas de nuestros dragados — pregunte — ¿no la pueden desviar o quizá destruirla?

Casi se carcajeó, pero se contuvo a tiempo.

— Señor Thorn, ¿cómo concibió la idea de que podemos hacer eso?

— Bueno… ¿no son ustedes los que efectúan el trabajo de control del tiempo? He leído historias sobre sembrar nubes y patrullas contra huracanes…

— Pero esas personas del otro despacho… hablaban sobre el control del tiempo.

Rossman trató de sonreír otra vez, pero contrajo los ojos.

— Ese es Ted Marrett. Como acabo de explicarle. siempre se habla mucho de controlar el tiempo. El señor Marrett es joven y ambicioso… y desea alcanzar su doctorado en el MIT y se muestra inflamado, siendo de los que arrollan el mundo. Estoy seguro de que ha conocido ya antes a otros de su clase. Algún día se aposentará y entonces se convertirá probablemente en un estupendisimo meteorólogo.

— ¿Entonces… entonces no pueden hacer ustedes nada para ayudarnos?

— Yo no dije tanto — Rossman tamborileó su lápiz contra su barbilla durante un momento -.



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