Finalmente, llamé en voz baja y. entonces, un fuerte rayo luminoso surgió del platillo y, atravesando las ramas, me envolvió. Al mismo tiempo el muro elástico cedió un poco y avancé unos dos metros. Después volvió a endurecerse y, esta vez, fui preso en su interior sin poder avanzar ni retroceder. El haz luminoso me alcanzó. Cegado, volví la cabeza y me quedé estupefacto: un metro detrás mío se paraba en seco, como cortado,

sin iluminar más lejos, y tengo la seguridad que alguien colocado en la prolongación de su trayecto, pero algunos centímetros más lejos del límite, no habría percibido ninguna luz. Después, en Ela he visto otros prodigios, pero de momento éste me pareció totalmente inverosímil y carente de sentido.

Sentí que me tocaban la espalda y volví la cabeza nuevamente. Una de las «mujeres» estaba ante mí. Esta vez no tuve ninguna sensación de transmisión de pensamiento y, sin embargo, supe en seguida que su nombre era Essine y que venía a buscarme. Con gran sorpresa comprobé que caminábamos sin dificultad y un momento después me encontré ante el artefacto.

Fui recibido con gran cordialidad y, aparentemente, sin desconfianza, Souilik se limitó a decirme:

— Ya te dije que teníamos medios de defensa. Me interesé por los heridos. Todos habían mejorado; después del caos y la confusión del aterrizaje forzoso de la noche pasada, los Hiss — ¿te había dicho que se llaman así? — se habían reorganizado rápidamente y completando mis primeros cuidados, muy rudimentarios, puesto que desconocía totalmente su anatomía en aquellos momentos, habían puesto en marcha su maravilloso generador de rayos bióticos, del que ya te hablaré más tarde.



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