El interior del platillo ya estaba preparado, pero muchos de los múltiples aparatos de «laboratorio» estaban destrozados. El hombre de gran estatura, cuyo nombre era Aass, estaba trabajando en ellos acompañado de otros dos y de una mujer. Ví sobre su verde cara una expresión preocupada, exactamente igual a la que ponía mi padre cuando sus cálculos no le satisfacían. De pronto, se volvió hacia mi y transmitió:

— ¿Sería posible encontrar en la Tierra dos kilos de tungsteno?

Desde luego, no transmitió las palabras Tierra, kilo, ni Tungsteno, pero comprendí el sentido de su pregunta, sin posibilidad de error.

— Me parece difícil — pensé en voz alta.

Hizo un gesto seco, y transmitió:

— j En este caso, estamos condenados a vivir sobre este planeta!

Al tiempo que percibí su pensamiento, percibí también la desesperación que lo avasallaba.

— Seguramente no me habéis comprendido — dije.

Uno de mis clientes era un ex director de una fundición y a menudo me había hecho admirar su colección de aceros especiales y metales raros. Siendo el tungsteno, de gran densidad, no sería imposible que el trozo que él poseía pesara dos kilos. Lo difícil sería convencerlo de que se desprendiera de él. Pero, aun en el peor de los casos, no sería imposible encontrar en otra parte esta cantidad de metal, aunque ello sería más largo. A medida que transmitía estas reflexiones, el rostro de mis huéspedes se iluminó. Les prometí que me ocuparía de ello en seguida y, sintiendo que les molestaba en su trabajo, me marché sin dificultad, salvo una lenta pero poderosa presión en la espalda cuando franquee el círculo.

Me presenté a las nueve en el castillo de la Roche. Mi cliente no estaba. Con el alma en un hilo, expliqué a su mujer el motivo de mi visita, alegando un experimento importante y urgente. No, el bloque expuesto no pesaba los dos kilos, pero el que tenía guardado en el cajón bajo la vitrina sobrepasaba este peso. Consintió en prestármelo, pero debí prometerle que se lo devolvería antes de un mes. En realidad, se lo devolví ocho días después o, mejor dicho, lo que le llevé fue uno equivalente.



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