— Oficialmente, todavía no. Pero no puede tardar. Esperamos los papeles. Ulna es extranjera.

Dudó un momento.

— Es escandinava. Finlandesa. Te advierto que habla el francés bastante mal.

— ¿Y tú hablas finlandés? ¡Primera noticia!

— Lo aprendí el año pasado durante un viaje de seis meses. Creí habértelo escrito.

— No. Yo consideraba el finlandés un idioma difícil.

— Y lo es. Pero ya sabes, mi ascendencia eslava…

Llamó:

— ¡Ulna!

Una delgada y extraña muchacha entró; alta, rubia, de un rubio pálido, ojos de color indefinido de los que no se podría decir si eran grises, azules o verdes, facciones regulares. Era muy hermosa. Sin embargo, había en ella algo sorprendente. ¿Tal vez su

tez bronceada, contrastando con el rubio pálido de sus cabellos? ¿O la pequeñez inverosímil de la boca? ¿O el gran tamaño de los ojos? ¿O todo eso a la vez?

Se inclinó graciosamente ante mí y me tendió la mano, una mano que me pareció extraordinariamente alargada, mientras pronunciaba con voz cálida y sonora, algunas palabras.

Durante la cena estuve sentado ante ella. Cuanto más la miraba, más incitante me parecía. Utilizaba con gran destreza su cuchillo y su tenedor, pero sin el automatismo inconsciente que proporciona la costumbre.

Apenas pronuncié palabra en toda la cena. Clair habló por todos. La vieja Magdalena era una cocinera excepcional. Mi amigo había saqueado su bodega. Observé que Ulna comía poco y no bebió nada, en contraposición del doctor y — debo reconocerlo —, de mí mismo. A medida que la cena avanzaba, fui perdiendo poco a poco esta vergüenza que me cohibía. Ulna no decía nada, pero de vez en cuando miraba a los ojos de Clair y tuve la curiosa sensación de que intercambiaban, no sentimientos, sino ideas.

Después del postre, Clair se instaló cómodamente ante el fuego. Con un gesto me invitó a tomar asiento delante de él, y llamó a la criada para el café. Ulna había salido. Volvió, llevando en la mano un periódico doblado que Clair tomó y me lo tendió. Una rápida ojeada a los titulares me indicó que databa aproximadamente de unos seis meses. Iba a devolvérselo, pidiendo una explicación, cuando ví en la parte baja de la página un artículo señalado con lápiz rojo:



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