MAS PLATILLOS VOLANTES

Kansas City, 2 de octubre.

Ayer el teniente George K. Simpson volvía de un ejercicio a bordo de su caza F. 109, al anochecer, cuando divisó, aproximadamente a 25.000 pies, una mancha discoidal que se desplazaba a gran velocidad. Se propuso dar caza al objeto, y pudo acercarse a él. Entonces vio que se trataba de un enorme disco de finos bordes, cuyo diámetro valoró en 30 metros, con una altura en el centro de unos 3 metros. El objeto se desplazaba a una velocidad que el teniente Simpson, a deducir por la de su propio avión, estimó en 1100 kilómetros por hora. La persecución duraba desde hacia unos diez minutos cuando el piloto se dio cuenta de que el misterioso artefacto iba a sobrevolar el campamento de N…, zona prohibida a todo aparato no americano. Como sea que las órdenes son concretas, el teniente Simpson atacó el artefacto. En aquel momento se encontraba a unos dos kilómetros de él y ligeramente más elevado. Picando a gran velocidad, le lanzó una salva de cohetes. «Ví mis proyectiles estallar sobre la caparazón metálica. Un segundo después estalló mi avión y me encontré bajando en la cabina automática de seguridad. Afortunadamente el paracaídas funcionó». Esta escena tuvo numerosos testigos que la presenciaron desde tierra; los expertos examinan los restos del avión del teniente Simpson. En cuanto al misterioso artefacto, desapareció ascendiendo vertical mente en el cielo a una velocidad increíble.

Devolví el periódico a Clair, declarando con tono incrédulo:



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