
Quizá, después de todo, sí que aparentaba sesenta años.
Conservaba la vista, aunque eso sólo le servía para notar con mayor claridad los efectos del proceso de envejecimiento en él. Se preguntó si quienes estaban mal de los ojos se veían alguna vez tal como eran de verdad. Una vista deficiente equivalía a esos suaves filtros usados para fotografiar a las estrellas de cine. Uno podía tener un tercer ojo en medio de la frente y, siempre y cuando este ojo no viera mejor que los otros dos, engañarse con la idea de que se parecía a Cary Grant.
Dio un paso atrás y se examinó la tripa, sujetándosela con las manos como una madre encinta que exhibe su barriga, imagen que lo indujo a apartar las manos rápido y limpiárselas de manera instintiva en los pantalones, como si lo hubieran sorprendido en medio de un acto obsceno. Siempre había tenido tripa. Era de ésos, y no había vuelta de hoja. Daba la impresión de que su dieta empezó a componerse exclusivamente de pizza y cerveza nada más salir del útero. Y no era así. Willie en realidad comía bastante bien para ser soltero. El problema era que llevaba, como decía Arno, su ayudante, la «típica forma de vida indolente», lo que Willie interpretaba en el sentido de que él no salía a correr por ahí vestido de Spandex como un imbécil. Willie intentó representarse vestido de Spandex y decidió que había bebido más de la cuenta si andaba imaginando esa clase de cosas, a solas, en el lavabo de hombres, la noche de su cumpleaños.
Se había quitado el mono para la ocasión, una circunstancia que ya era traumática en sí misma. Willie era un hombre nacido para llevar mono. Se trataba de una prenda holgada, lo cual tenía su importancia para alguien de su edad y su cintura. Le proporcionaba unos bolsillos útiles donde guardar cosas y donde meter las manos sin dar una imagen de desidia cuando no las utilizaba. A excepción hecha del mono, toda la ropa se le antojaba ajustada, y como siempre llevaba encima demasiados cachivaches, en las demás prendas encontraba pocos sitios donde ponerlos. Esa noche le asomaban bultos en lugares donde un hombre no debía tenerlos.
