Mariam hace señas al sirviente de que no haga ningún ruido al colocar los manjares sobre la mesa baja. Si dos platos se entrechocan, esboza una mueca, pero inmediatamente se tranquiliza con el espectáculo de esas golosinas a las que Pattig es tan aficionado: yemas de huevo duro rematadas con una gota de miel, lonchas finas de faisán con puré de dátiles… Los días en que su hombre va a Ctesifonte, Mariam ocupa así su tiempo, ingeniándose en prepararle los más sabrosos manjares; de esa manera, él tendrá siempre prisa por volver, y si está con amigos, antes que ir a una taberna descuidando sus obligaciones, los traerá orgullosamente a su casa, seguro de que allí estarán mejor atendidos que los comensales de un rey.

Después de una última ojeada para verificar que todo está en su sitio, Mariam va a sentarse en un cojín al otro extremo de la habitación. A veces, cuando su marido está solo, cena con él; nunca cuando tiene invitados, pero apenas se aleja, preocupada en comprobar a cada instante que a los comensales no les falte de nada.

Transcurren unos largos minutos. Absortos en su charla, Pattig y Sittai no han tendido aún la mano hacia la mesa. ¿Se han dado cuenta siquiera del festín que se les ofrece? ¿Han olido el aroma que invade la terraza? Mariam se apena en silencio. Aunque se hubieran parado en el camino para comer, deberían al menos, por pura cortesía, tomar una albóndiga, una aceituna, un sorbito de esas copas que ha colocado justo delante de ellos.

Pero ahora el invitado saca de debajo de su túnica una especie de chal que extiende sobre sus rodillas, extrae de él un pan negruzco, lo parte y se lleva un trozo a la boca. Mariam contiene la respiración. ¡Así que ese individuo desdeña todo lo que ella ha preparado para mordisquear un vulgar pedazo de pan! Y eso no es todo. Ahora desenrolla más el chal, saca de él dos pequeños pepinos arrugados y los moja en una garrafa de agua antes de darle uno a su anfitrión. Pattig, visiblemente azarado, se queda con la hortaliza en la mano, pero el palmireno mastica la suya ostensiblemente.



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