
Pasa hoy con Heidegger, que tanto ilusionó al principio a tres o cuatro contagiados, y ahora se le acusa de escribir como un esquizofrénico. O con Melville, al que se acusa, ante su matrimonio blanco (o más que blanco, transparente) de la prosa eyaculatoria de su libro Fierre. O con el infeliz Kafka, que animó a tantos desanimados de momento, porque se consideraban más enriquecedores y más profundos y más felices que él, y quizá lo eran. Pasó y pasa con los rusos en general: aquel Iván Goncharov de mi infancia, o Dostoievski (del que nadie está seguro ni de escribir bien el apellido) o el autosu-ficiente Tolstói, que a nadie quiso y por nadie fue querido en vida, y, por fin, después de ella, aún se atrevió a escribir que Shakespeare era un escritor rematadamente malo y que su éxito sólo lo explica «una especie de hipnosis colectiva». No se le pasó ni por la imaginación que tal escritor malísimo fuese un colectivo integrado nada menos que por Marlowe, Bacon, Edward de Veré, conde de Oxford, y quizá por el propio mister W. H. de los sonetos… Ja, ja. Como para que te declaren inmortal sin que sepan ni de números ni de letras… Yo, sin embargo, creo que Shakespeare fue sólo un trío: él, que sí existió, Marlowe, y Bacon, los tres homosexuales, como otro que yo sé… Pero todo lo ensayístico del primero es del tercero; los sonetos del primero son del segundo; y las comedias del tercero, del primero, aunque en este campo hay mezclas, confusiones y matrimonios adulterinos. Como otro que también sé. En cualquier caso, un lío sin importancia: lo único que importan son sus consecuencias, señor conde León Tolstói.
¿Y la infeliz y pensativa Simone de Beauvoir, a la que el horroroso Jean-Paul Sartre llamaba su Castor? Los dos, siempre tan unidos que compartían las novias, han sido hoy comparados con Ginger Rogers y Fred Astaire. Qué pena. Tantos razonamientos para acabar así. Nos está bien empleado, por escribir. Mauriac, que tenía mala leche como todos los buenos dijo que, después de leer El segundo sexo, sabía todo sobre la vagina de la Beauvoir.