En la Casa Blanca aborrecía cantidad de cosas. Luego comprendí que o me adaptaba o me adaptaba.

Luci Johnson

Hija de Lyndon Baines Johnson

Uno no vive en la Casa Blanca, uno sólo es la prueba A que se exhibe al país.

Presidente Theodore Roosevelt

Recuerdo noches espantosas de pesadillas.

Susan Ford

Hija de Gerald Ford, cuando era Primera Hija


CAPÍTULO 1

Me asustan las alturas, las serpientes, la normalidad, la mediocridad, Hollywood, el silencio inicial de una casa vacía, la oscuridad persistente de una calle mal iluminada, los payasos malos, el fracaso profesional, el impacto intelectual de las muñecas Barbie, dejar a mi padre abandonado, quedarme paralítico, los hospitales, los médicos, el cáncer que mató a mi madre, morirme de repente, morirme por una razón estúpida, morir lleno de dolores, y, lo peor de todo, morirme solo. Pero no me da miedo el poder, y por eso trabajo en la Casa Blanca.

Sentado en el asiento derecho de mi jeep azul, destartalado y oxidado, no puedo dejar de mirar a mi compañera, la guapa muchacha que va conduciendo. El modo imperativo en que sus dedos finos y largos aferran el volante nos deja bien claro a los dos quién está al mando. No puede importarme menos, sin embargo… y mientras el coche vuela avenida de Connecticut arriba, voy mucho más contento observando cómo sus cabellos negros muy cortos le lamen la nuca. Por razones de seguridad, llevamos las ventanillas cerradas, pero eso no le impide abrir el techo corredizo. El aire cálido de setiembre le agita el pelo, y ella se lo echa hacia atrás y disfruta de él y de la libertad. Entonces, da su último toque personal al coche: enciende la radio, recorre las emisoras que tengo preseleccionadas y menea la cabeza.



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