
El sobre se engrosaría en tiempos venideros. El caso estaba cerrado, pero el expediente del distrito 6 seguiría creciendo como el cabello y las uñas de un cadáver. El guardia que entró y vio a Richard Vanderpoel colgado de la tubería redactaría sus conclusiones. Del mismo modo procederían el médico que dictaminó su muerte y el médico que no pudo establecer ninguna sombra de duda sobre el hecho de que fueran las tiras de ropa de cama, atadas y anudadas alrededor de su cuello, las que lo habían matado. Por último, la investigación policial de un coronel concluiría que Wendy Hanniford había sido asesinada por Richard Vanderpoel y que a su vez Richard Vanderpoel se había quitado la vida. El distrito policial 6, y cualquier otro relacionado con el caso, ya habían llegado a esa conclusión. Habían llegado a la primera parte mucho antes de que Vanderpoel hubiera sido encerrado. El caso estaba cerrado.
Volví a leer parte del material mientras estudiaba las fotos. El propio apartamento no parecía estar muy desordenado, lo que sugería que el asesino había sido alguien que ella conocía. Volví a la autopsia. No había piel bajo las uñas de Wendy, ni signos evidentes de un forcejeo. ¿Contusiones faciales? Sí, es posible que estuviera inconsciente cuando él la acuchilló.
Probablemente hubiese estado un tiempo agonizando. Si la hubieran degollado primero y hubiesen alcanzado la yugular, es posible que hubiera muerto rápidamente. Pero había perdido mucha sangre por las heridas del torso.
Escogí una foto y la metí en el bolsillo de mi camisa. No sabía muy bien para qué la quería, pero sabía que nadie la echaría de menos. Una vez conocí a un poli de oficina en la sección de Cobble Hill de Brooklyn que solía llevarse a casa una copia de cada foto horrible que pasaba por sus manos. Nunca pregunté por qué.
