
– Un pozo de ventilación.
– ¿Lo has inspeccionado?
– Ajá. Cualquiera pudo cogerla, cualquier chaval que pasara por allí.
– ¿Comprobaste si había manchas de sangre en el pozo de ventilación?
– ¿Estás bromeando? ¿Un pozo de ventilación del Village? La gente orina por las ventanas, lanzan tampones, basura y todo tipo de cosas. En nueve de cada diez pozos de ventilación encontrarás manchas de sangre. ¿Lo habrías inspeccionado tú? ¿Después de haber cogido al asesino?
– No.
– De todos modos, olvida el pozo de ventilación. Sale corriendo del apartamento con el cuchillo en la mano. O la navaja, o lo que coño fuera. Lo lanza por las escaleras. Sale corriendo a la calle y lo tira en la acera. Lo mete en un cubo de basura. Lo tira por una alcantarilla. Matt, no tenemos ningún testigo presencial que lo viera salir del edificio. Habríamos buscado uno, pero ese hijo de puta se mató treinta y seis horas más tarde de dejar tiesa a la chica.
No paraba de repetir eso. Yo estaba haciendo un trabajo que la policía habría hecho de haber tenido que hacerlo. Pero Richard Vanderpoel les había resuelto el problema.
– Así que no sabemos cuándo se echó a la calle -siguió diciendo Koehler-. ¿Dos minutos antes de que lo atrapara Pankow? ¿Diez minutos? Podía haber triturado el arma y habérsela comido en ese tiempo. Dios sabe lo loco que estaba ese tipo.
– ¿Había una navaja en el apartamento?
– ¿Te refieres a una navaja recta? No.
– Me refiero a una navaja de afeitar.
– Sí, había una eléctrica. ¿Por qué demonios no te olvidas de la navaja? Ya sabes cómo son esas putas autopsias. Yo tuve una hace un par de años. El gilipollas de la oficina del forense dijo que la víctima había sido asesinada con un hacha. Cogimos al bastardo en el edificio con un mazo de croquet en la mano. Cualquiera que pueda confundir el daño hecho al golpear un cráneo con un hacha con el que haría un mazo no sería capaz de distinguir un navajazo de un coño.
