
– ¿Todavía está precintada?
– ¿No se informan unos a otros?
– No pertenezco al cuerpo. Esto es una investigación privada.
Su mirada se dulcificó. Ahora que no era un poli le gustaba más, pero también tenía que saber para qué lado trabajaba. Además si no estaba de visita oficial, eso quería decir que no estaba obligada a perder su tiempo conmigo.
Dijo:
– Escuche. Estaba haciendo algo. Soy artista y tengo trabajo.
– Le llevará menos tiempo contestar a mis preguntas que deshacerse de mí.
Lo pensó, se dio la vuelta bruscamente y se metió en el edificio.
– Hace frío ahí fuera -dijo-. Bajemos las escaleras y hablemos un poco, pero no se piense que le voy a dedicar mucho tiempo, ¿eh?
La seguí por un tramo de escaleras hasta el sótano. Tenía una única habitación grande con aparatos de cocina en un rincón y un catre en la pared orientada al oeste. Se veían tubos y cables eléctricos por el techo. Su arte era la escultura y había varias muestras de su trabajo a la vista. No llegué a ver la obra en la que estaba trabajando en ese momento. Un trapo húmedo la cubría. Las otras obras eran abstractas y en buena parte de ellas había una clara evocación de monstruos marinos.
– No voy a poder contarle gran cosa -dijo-. Soy la conserje porque llegué a un acuerdo para poder pagar el alquiler. Tengo buenas manos y puedo reparar la mayoría de las cosas que se estropean, y se me da bastante bien gritarle a la gente cuando se retrasa con el alquiler. Me paso la mayor parte del tiempo metida en mis cosas. No presto demasiada atención a lo que pasa en el edificio.
– ¿Conocía a Vanderpoel y a la señorita Hanniford?
– De vista.
– ¿Cuándo se trasladaron aquí?
– Ella estaba aquí antes de que yo viniera, y en abril hará dos años que vivo aquí. Y creo que él se instaló en el piso hace poco más de un año. Creo que justo antes de Navidad si no recuerdo mal.
– ¿No vinieron juntos?
