– Que algún hombre le pagaba el alquiler.

– Compartía el apartamento con el chico ese, Vanderpoel. El chico que la mató. El trabajaba para un importador de antigüedades. Ganaba alrededor de ciento cincuenta y cinco dólares a la semana. Si un hombre estuviera manteniéndola como si fuera su amante, no le permitiría tener a Vanderpoel como compañero de piso, ¿no le parece? – Hizo una pausa-. Creo que es bastante obvio que era prostituta. La policía no me lo ha dicho con esas palabras. Han sido discretos. Los periódicos no lo han sido tanto.

– La policía normalmente lo es. Y era el tipo de caso del que a los periódicos les gusta sacar partido. Una chica atractiva cuyo asesinato ha tenido lugar en el Village, con un claro móvil sexual. Cogieron a Richard Vanderpoel mientras corría por las calles cubierto de sangre. Ningún editor que se precie lo dejaría escapar.

Dijo:

– Scudder, ¿comprende por qué el caso no está cerrado para mí?

– Creo que sí. -Fijé mi mirada en sus oscuros ojos-. El asesinato ha sido como una puerta que ha empezado a abrirse para usted. Ahora quiere saber lo que hay al otro lado.

– Veo que lo entiende.

Lo entendía y habría preferido no hacerlo. No quería el trabajo. Trabajaba lo menos posible. En esos momentos no tenía necesidad de trabajar. No necesitaba mucho dinero. Mi alquiler era barato y mis gastos cotidianos bastante bajos. Además, no tenía ninguna razón para sentir antipatía hacia aquel hombre. Siempre me siento más cómodo recibiendo dinero de hombres a quienes tengo antipatía.

– El teniente Koehler no entendió lo que yo quería. Estoy seguro de que únicamente me dio su nombre como una manera educada de deshacerse de mí. -Eso no era exactamente así, aunque lo dejé pasar-. Pero yo necesito saber todas esas cosas, lo necesito de verdad. ¿Quién era ella? ¿Quién hizo que acabara así? ¿Y por qué alguien quiso matarla?



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