«Escuchimizado», lo llamaba su padre. Tenía un rostro irregular que sobresalía por todas partes y que además había heredado de aquel maldito padre. Felizmente en la vida existen los milagros y él podía tener a todas las chicas que se le antojaban, sin conseguir explicarse aún cómo. Todo hay que decirlo, invertía mucho tiempo en ello. Más tarde, cuando fuese extremadamente rico, es seguro que ganaría tiempo. He ahí algo que Tiberio no iba a tener jamás. Tiberio era un pobretón. Sin un céntimo en el bolsillo. Tiberio era un desarrapado. Tiberio se había hecho a sí mismo, picoteando aquí y allá. Magistralmente, quizás, pero picoteando aquí y allá. Tiberio ni siquiera era alumno de la escuela francesa de Roma. Él, Claudio, había entrado fácilmente gracias a la recomendación de su padre. Pero Tiberio y Nerón se habían quedado en puertas. Entre los dos no habían conseguido más que una beca de la universidad que les había permitido seguir a Claudio a Italia y que compartían. Pero Claudio sabía perfectamente que su madrastra le daba un poco de dinero a Tiberio igual que cuando era pequeño. Saltaba a la vista. Era de extrañar que él mismo fuese capaz de adorar a un tipo que al mismo tiempo le ponía tan nervioso. Nunca había podido prescindir de él. Y cuando habían formado aquel «triunvirato», en los primeros años de la universidad, cuando conocieron a David -Nerón-, aquello se había convertido en algo aún peor, en algo indisoluble, sagrado. David ya estaba completamente pirado a los diecinueve años, y aquello no arreglaba las cosas. Le había parecido maravilloso que Claudio llevase desde su nacimiento el nombre de pila de un emperador romano. Decía que le iba bien a causa, ya entonces, de sus correrías erráticas con las mujeres. «¡Bienaventurado él si hubiese podido gobernar su casa como gobernó su imperio!», declamaba a cada momento, cuando Claudio le presentaba a una nueva novia. A partir de ahí, David había bautizado de manera natural a Thibault con el nombre de «Tiberio», y él se había hecho llamar a sí mismo «Nerón», «debido a sus malos instintos».


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