
El cruce a Ostend fue rápido y Fabia cuando no rezaba para que se aliviara Barney, trataba de enfrentarse al hecho de que, a pesar de tener aversión innata al engaño y a las mentiras, acababa de aceptar practicar ambos. Tenía que mentir al escribir el nombre de Cara en las tarjetas postales que enviaría a sus padres. ¿Y no era un engaño presentarse en el hogar de Vendelin Gajdusek fingiendo que era su hermana?
Fabia condujo el auto a través de Bélgica y entró a Alemania deseando con toda su alma que llegara el sábado y que pasara la tan mentada entrevista con el famoso escritor.
De pronto se percató de que no le había preguntado a su hermana una cosa fundamental, ¿cuándo debería regresar a Inglaterra?
Debido a todo lo acontecido había disminuido su emoción ante la perspectiva de conocer Checoslovaquia. Sin embargo, tenía la impresión, por la sugerencia de Cara, de que mandar tarjetas postales a casa, quería decir permanecer fuera las dos semanas como habían planeado. ¿Qué era lo que la periodista quería que hiciera? Para Fabia la idea de terminar con la entrevista, sin arruinarla, y regresar de inmediato a Ostend, era muy atractiva. Por otro lado, algo la llamaba y le decía… todavía no.
Comprendió entonces que estaba fatigada y confundida. Miró su reloj, al que le había aumentado una hora por el cambio de horario desde Ostend, y vio que eran más de las seis de la tarde y que, aparte de tomar gasolina y detenerse en Aachen para tomar café, había estado manejando sin parar desde las nueve de la mañana.
Un poco después se detuvo frente a un hotel en esa ciudad que tenía mil años de antigüedad, Bamberg. Al día siguiente atravesaría las fronteras de Alemania y de Checoslovaquia hasta llegar a su destino en Mariánské Lázne. Ya había adelantado bastante.
Fabia despertó en la habitación del hotel en Bamberg y pensó que si Cara estuviera con ella, y como ya no estarían lejos de su destino, hubieran aprovechado la oportunidad de conocer la ciudad. Le habría encantado conocer la plaza de la catedral y ver el castillo de Bamberg. Pero estaba sola, y mientras rezaba porque se aliviara Barney, se puso nerviosa, y sintió que tenía que seguir su camino.
